miércoles, 31 de marzo de 2010

¿Qué realidad?


"El cuadro del mundo que se le presenta a la gente no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras".

Noam Chomsky


viernes, 26 de marzo de 2010

Amedeo Minghi


Esta canción me genera emociones particulares. Está dedicada a mi lugar preferido en el mundo, el Mont StMichel, en Bretaña. Tiene una fina poesía y una estructura musical que supera en mucho el tipo de típica composición romántica italiana para el Festival de San Remo. Quién sabe por qué asociación me evoca una noche de verano que no creo haber vivido, pero sí soñado en forma recurrente. Me gusta, en fin. Esta no es la mejor versión, pero es la que tiene el video más razonable. Prefiero la que se puede encontrar en http://www.youtube.com/watch?v=zT2xzDfmOv0

Viernes

Una semana sin lunes nos privaría del placer del viernes. Diría alguien con evidente sobredosis de Paulo Coelho.

martes, 23 de marzo de 2010

¡Nombre!


Busca tu nombre, de Brizia (Flickr)

En estos días se debate en México si el Estado limitará o no la creatividad de los padres a la hora de ponerle nombres a los hijos. Casos como Masiosare (fragmento del himno nacional: “Mas si osare un extraño enemigo…”), Usnavi ( de US Navy), Robocop, Helicóptero o Tifoidea inspiraron a una diputada del PRD a proponer un proyecto de límite oficial.

Es paradójica la relación del mexicano con sus libertades. Fiero a la hora de defenderse de intentos de intervención como el presentado, resulta curiosamente sumiso en muchos otros casos. No sé de qué me asombro, ya que en Argentina he sido testigo de absurdas rebeldías de tiendita y de escandalosas aceptaciones.

¿Podríamos considerar la libre elección del nombre de un hijo como un derecho inalienable? ¿Y qué pasa cuando uno se llama Helicóptero y es centro de todas las bromas en la escuela?

No sé cómo estará la cosa en Argentina, pero cuando nació mi hija mayor yo tenía la intención de ponerle de segundo nombre el gaélico Maire (significa María) y los listados oficiales no me lo permitían. Gracias a una compañera de trabajo que tenía registrada a una hija con el nombre de Jamaica, me enteré de que era una magistrada la que decidía, como en el sketch del gordo Casero, “esto es kosher, esto no es kosher”. La revelación incluía que la voluntad de esta legendaria guardiana del buen gusto se ganaba a través de la emoción. Si uno iba con el argumento de “es mi derecho”, rebotaba, pero si la historia tras el nombre extraño ameritaba una lágrima o dos, se aprobaba. Así fue como, además de conseguir una carta del embajador de Irlanda que probaba la existencia del nombre Maire, escribí uno de mis textos más inspirados y delirantes, donde hacía mención de pasiones, visiones y herencias de sangre improbables. Logré la aprobación con una pila de documentos sellados tal como si hubiera adquirido la propiedad del palacio de Windsor con los muebles incluidos.

¿Cuáles son los límites? Levanto la vista y tengo a la mano un Agkbar Juhani (desconozco si hay inspiración étnica), un Elfego Gilberto (inspiración clásica) y un Edgar Hiram (inspiración highlander). ¿Estarían en el nuevo catálogo de nombres aprobados o quedaría el juicio estético/civil a cargo de un oscuro funcionario? Quiero decir, es sencillo discriminar a una Tifoidea, pero la cosa se complica con una Yobana, Magdiel o Nashieli. Hay un gusto regional, una moda, unas repercusiones sentimentales que los papeles administrativos no alcanzan a percibir. Conceptos que no valen para todos ni en todos los lugares ni en el mismo momento (por ejemplo, Marcelo es un nombre inusual en México, y es muy común en Argentina).

¿En qué instante uno levanta el brazo y dice “hasta acá” a la intromisión del Estado en la vida privada? ¿Cuál es la oportunidad adecuada para decirle al Estado “es hora que me des una mano con esto”? ¿Cómo llegamos a este Estado?

Lobos o corderos, rebeldes o sumisos, pareciera no existir sensibilidad para captar el punto medio o juzgar de acuerdo al caso.

Pero si el desequilibrio es inevitable, prefiero que se incline hacia la libertad.

lunes, 22 de marzo de 2010

Soledad virtual

Si la mayoría de mis relaciones humanas son virtuales, ¿la soledad es el olvido del password?

viernes, 19 de marzo de 2010

Tengo un amigo argentino

Llaveritos para Doug, de ObjetitoSinCultos (flickr)

Mi interlocutor, vendedor de una empresa de tecnología peruana, me estudiaba con atención y una sonrisa profesional. Practicaba el método socrático, sin conocer a Sócrates, ya que pensaba que eso de relacionarse con preguntas era el invento de un ejecutivo de Quebec. En un momento algo pareció hacer clic en él y me preguntó:

-Tú no eres mexicano. Eres argentino o uruguayo.

-Argentino.

-Tengo varios entrañables amigos argentinos.

Hace una semana, el vendedor de una empresa de tecnología española había afirmado:

-¡Los argentinos estáis por todo el mundo!. Yo tengo varios amigos argentinos muy queridos.

Mi amigo Mauricio, mexicano, más próximo al sentir común y más sincero, confesó:

-Los argentinos que me tocó conocer… bue… Salvo unos pocos que… y tú, que eres mi amigo.

Parecería que tener un amigo argentino hoy (fuera de Argentina) es garantía de criterio amplio, ausencia de discriminación negativa y hasta humanismo. El Nuevo Ciudadano del Mundo tiene, por lo menos, un amigo negro, uno judío, uno gay y uno argentino.

¿Por qué nos volvimos tan poco populares en el extranjero? Porque cabe aclarar que aquellos que estuvieron en Argentina se asombran con la buena onda de la gente, sencilla y cálida con el recién llegado.

Mauricio (el amigo antes citado) tenía una jefa “argenta” en su trabajo anterior. Un día escuchó como ella hablaba por teléfono con un familiar y le contaba:

-No te imaginás: México está dominado por los argentinos.

No me consta tal dominio y, si así fuera por algún secreto conspiracional que desconozco, no hemos aportado demasiado. Es más, viendo como anda aquello, el “modelo” no se me hace materia de exportación.

Mayoritariamente o en proporción de leyenda urbana, nos comportamos afuera como si fuésemos más lindos, más inteligentes, más rápidos y más eficientes. Si bien es cierto que nos adaptamos rápido a nuevos contextos, la adrenalina celeste y blanca se manifiesta en una vanidad exhibicionista y corta de miras, irrespetuosa y bastante necia.

Atención: todas las sociedades humanas son discriminatorias, pero se diferencian por la contención que logran al respecto. Las leyes y las costumbres configuran sociedades impenetrables o benevolentes. México tiene una tradición de acogida amable de exiliados e inmigrantes de cualquier origen. A veces exageran, de hecho, y se produce el fenómeno llamado “malinchismo”, por el cual todo lo extranjero obtiene ventajas negadas a los locales.

Con nosotros hay una dualidad de amor/odio bastante particular. Tenemos un tipo físico diferente, y cuando abrimos la boca ya nos sacan. Detestan nuestra vanidad (mamonería) y les incomoda lo directo, que consideran rudo. Pero no hay mayores consecuencias. Conseguimos trabajos interesantes y la integración social se da con bastante rapidez.

México no es el problema: el problema somos nosotros. Estamos tan convencidos de ser diferentes que empiezan a vernos como tales, pero no en el sentido que hubiéramos esperado.

Aquella civilización educada y pacífica que generaba tantas expectativas a comienzos del siglo XX es hoy un grupo humano desperdigado por el mundo, rabioso de nostalgia, impotente de progreso en su propia tierra.

Con un poco de suerte, a pesar de todo, los que nos fuimos amaremos a alguien y, aunque sea un argumento tranquilizador para vender algo, formaremos parte de alguna exótica colección de amigos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Feliz San Patricio

Porque los irlandeses me caen bien. Porque su música es exquisita. Porque me gusta su cerveza. Porque tienen duendes y tienen "duende". Porque hablan un idioma antiguo y poético. Porque explicar la Trinidad con una hoja de trébol es, por lo menos, muy ingenioso. ¡Feliz día de San Patricio!
Mary Dillon y Déanta en Where are you. Para cuando me agarra el romanticismo celta.

Recién es miércoles

Relax, de my_epi (flickr)

Si, como dice Heráclito, nada se repite de la misma manera, la rutina es entonces sólo una sensación. Como el dolor, bah...

martes, 16 de marzo de 2010

Mexicanismos

Hueva: estado asimilable al spleen, con menos prestigio intelectual, próximo a la fiaca, que se manifiesta siempre junto al deber repetido. El portador es llamado "huevón", que nada tiene que ver con el significado sudamericano, especialmente chileno; aquí es un simple haragán.

El sueño de la razón produce monstruos (freak show)


En la escena musical no existe una única forma de alcanzar notoriedad. No todos se convierten en celebridades a partir de sus excesos, su bondad planetaria ni su muerte prematura. Ni siquiera a través de su presencia hiperregistrada por los medios. Algunos, especialmente en el oscuro mundo de los amantes de lo gótico, se vuelven leyendas precisamente por todo lo contrario: por la omisión de su presencia.

Dos casos me parecen extremadamente interesantes porque, además de su obra musical, han manejado su figura como magos de lo oculto, excitando la ilusión de aquellos a quienes les fascinaría que existiesen vampiros en realidad, más interesantes que Robert Pattinson, lo cual no es difícil.


Anna-Varney Cantodea es el líder [y único miembro (a medias) conocido] deSopor Aeternus & the Ensemble of Shadows, en actividad desde 1989 en Frankfurt, Alemania. Cultor de lo que llegó a llamarse “introspección exhibicionista”, ha hecho de la ambigüedad, la contradicción y el sarcasmo un marco para ofrecer su necrófílica experiencia de la vida (y de la muerte). Su nombre real es desconocido, así como su aspecto bajo la capa de maquillaje y disfraces que lo transforman. “Varney” proviene de la novela de vampiros “Varney el vampiro o el festín de sangre” y “Anna”, perche le piace, ya que coquetea con la idea de transformarse en mujer (sin cirugía) o en un ser a medio camino, integrador de ambas sexualidades. Aunque no hay ninguna vitalidad en su idea, porque el sexo no es más que otra fantasmagoría del mundo de los hombres. El resultado es una especie de monstruo andrógino que compone para sí mismo basado en sus experiencias depresivas y alucinadas, no exentas de cierto humor. Jamás toca ante “seres humanos” ni concede entrevistas que no garanticen su absoluto anonimato. The ensemble of shadows es precisamente eso: un grupo de músicos en las sombras, tal vez variable, pero jamás revelado. La música de este personaje está dentro del abanico del dark wave, con momentos sinfónicos, de inspiración medieval, electrónicos, siempre bastante fúnebre, con algunos picos épicos muy interesantes. La gráfica de sus ediciones es exquisitamente cuidada, con fotomontajes y un diseño gráfico que vale la pena explorar. El tema a continuación es, tal vez, el más simpático de su producción.




Mr Doctor es el líder de Devil Doll, agrupación de rock gótico sinfónico, por llamarlo de alguna manera. Parte de los músicos que la integran son venecianos y otros -especialmente una agrupación sinfónica- eslovenos. El tal Mr. Doctor, de origen presuntamente esloveno y padres venecianos, tiene paradero desconocido (cada año se echan a rodar rumores sobre su muerte) ha hecho de su misteriosa vida una verdadera leyenda. Se le atribuyen estudios de Criminología y Filosofía, coctel del cual surge una poesía rebosante de oscuridades, decadencias y descomposiciones. Se conoce su rostro, aunque no su nombre. Luego de una nefasta presentación de su obra Sacrilegium en TV (¿imaginan esta música en la RAI?) se ha negado a dar entrevistas y a actuar en vivo. Su estilo de expresión vocal es conocida como sprechgesang, una técnica que consiste en hablar y cantar haciendo voces diferentes, lo que en conjunto suena como alguien experimentando una posesión. Las particularidades de Mr. Doctor llegan al punto en que el primer trabajo de Devil Doll, The mark of the beast, sólo se editó en una copia, en 1988, que Mr. Doctor guarda para sí. El mismo año sacó The Girl who was… death, de cuyas primeras 500 copias, 150 fueron repartidas entre el público de la segunda función en vivo y el resto destruidas en casa. Las copias repartidas estaban autografiadas por Mr. Doctor, con sangre según la leyenda. A Mr. Doctor pertenece la frase: "Cuanto más domine la razón a un hombre menos probable es que acceda a la grandeza. Pocos pueden acceder a la grandeza –y ninguno al arte, si no están dominados por la ilusión."

lunes, 15 de marzo de 2010

La frase

"Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas"

Carlos Ruiz Zafón, en "La sombra del viento"

viernes, 12 de marzo de 2010

Los límites de la utopía

Yo viví en un country 9 años.

Formé parte de la oleada neoburguesa que abandonó la capital en busca de una vida nueva. Cada una de esas familias tenía objetivos diferentes; pensar que el grupo de “los que ganaron” (así se titula el trabajo de la socióloga Maristella Svampa sobre los countries) era homogéneo es una grosera simplificación del asunto. En mi caso y el de muchos me apasionaba la huída de la ciudad al paisaje, la vida deportiva, la seguridad y el precio accesible del metro cuadrado. Me sentía un pionero y estaba dispuesto a cualquier sacrificio. No conocía aún el precio real que debería pagar.

Muchos como yo llegamos a tener un estilo de vida que en otros países está reservado a familias con ingresos considerablemente más altos y más antiguos. Dos de mis tres hijos nacieron allí y se convirtieron en sujetos experimentales de una vida sin subterráneos, colectivos ni clase media. Sólo alfas y betas: propietarios y servicio. Blancos y negros.

También dentro del country me tocó vivir una batalla de la edad de bronce entre “residentes” y “socios de fin de semana”. Estos últimos, fundacionales, consideraban a los recién llegados como nuevos ricos que pretendían comodidades que sólo la ciudad podría dar: cloacas, servicios, iluminación, que a la larga contaminarían la bucólica vida pastoril y aumentarían la cuota societaria mensual. Luego vendrían otros enfrentamientos “políticos” cuando comenzó la crisis del 2001, que revelaría la precariedad del “estado de bienestar”. El retrato de aquella crisis y sus repercusiones dentro de la vida country ya tienen una novela y una película, además de un par de trabajos sociológicos y otros un poco más sanateros.

La seguridad era -y es- uno de los temas recurrentes, obsesivos. En la época de los secuestros yo fui víctima casual. También se temieron saqueos hasta el punto que aquel country en cuestión armó una trinchera con bolsas de arena como si temiera el día D pero de pobres.

El quid de la obsesión por la seguridad y el miedo que genera en la población countrista se origina probablemente en la tajante división psicológica que se establece entre el adentro (utópico) y el afuera (amenazante).

La pequeña sociedad intramuros no es más que una reproducción en escala de las tensiones de la sociedad argentina. Con la exactitud con la cual el corazón de una cebolla reproduce el aspecto de la cebolla entera. Con una población que oscila entre familias de profesionales exitosos y fortunas mal habidas, el factor común es la desconfianza hacia el “afuera”. El resto de la gente que vive en el país en ciudades o pueblos no hace esta distinción; sí tal vez otras.

Aunque normalmente las poblaciones de escasos recursos que rodean a los countries –más antiguas- viven de los servicios que ofrecen a estas comunidades, los countristas siguen viendo en ellos factores de riesgo para la seguridad. Constatan o imaginan una envidia del éxito, una ambición imposible, que sólo puede calmarse con el raterismo. Así con los guardias, de los que se sospecha continuamente, como si un Rottweiler mañoso los cuidara al mismo tiempo en que los amenaza.

Los countries podrían ser una idílica forma de vida si no fuera porque en su mayoría desarrollan comportamientos sociales cuestionables, como el culto al dinero y su exhibición, la discriminación, el aislacionismo, la hipocresía, la ausencia de solidaridad, la incultura y otras miserias que, la verdad, no son privativas de estos lugares, pero que al estar concentradas en un ensayo de sociedad, se estereotipan. El miedo a la inseguridad, entre esos males.

A pesar de lo que los medios reportan, con escándalo, las amenazas reales siguen siendo, por ahora, menos graves que las pesadillas de la utopía.

jueves, 11 de marzo de 2010

Espejos rotos

Espejo, por lg_fotografia (Flickr)

Manejar una madrugada de lluvia en el DF es como caminar de noche sobre espejos rotos

miércoles, 10 de marzo de 2010

Vox Dei


Relacionado con el post anterior, va este tema con toda la nostalgia de una época, segada en los años de plomo.
Conocí a los Vox Dei en CBS cuando ya estaban separándose. Dibujé una tapa para un disco que no fue, espantosa, y tuvieron el tacto de no decirme la verdad.
En diciembre mis hijos me hicieron escuchar una nueva versión del tema.
Todo concluye al fin, pero hay cosas que se resisten.

Días nublados

iglesia Lourdes Argentina Holga 35 mm, por Flavio Navarro (Flickr)

Mediados de los ’70.

Hubiera sido muy útil en aquel entonces un Ipod para llevar una de las mejores bandas de sonido de mi vida. Estaban en mi cabeza Jethro Tull, Yes, Emerson, Lake & Palmer, Santana, Génesis, Sui Generis, Vox Dei, salvando las distancias.

Ahora escucho Benefit (Jethro Tull, 1970) y viajo en el tiempo hasta las calles de Santos Lugares. En esos años pasaron más cosas de las que podía reconocer y valorar. Y yo estaba convencido de que no me pasaba nada en absoluto.

La muerte de mi padre, el primer amor, el desgarro de un país, el descubrimiento de mi música, la moto, los amigos, la vocación, y una bruma de guerra que envolvía todas mis percepciones. De hecho sólo recuerdo días nublados.

La entrada a la adolescencia, pienso ahora, no inauguró dolores en mí. Pero sí me mostró el rostro de las primeras decepciones importantes: el amor no correspondido, la traición al ideal, la muerte de mis inmortales. Lo que vino después lo recuerdo menos.

Cada tanto abrevo en esa época, con cierta melancolía sonriente.

Yo era mejor, tan sólo por la magnitud de mi esperanza.

lunes, 8 de marzo de 2010

Autojustificación

Debo evitar la tentación romántica de pensar que la incomprensión me hace un genio. Es una falacia. La incomprensión me mantiene pobre.

Definición: "susceptibilidad"

Susceptibilidad: El arte de saber enojarse primero.

miércoles, 3 de marzo de 2010

The Mars Volta




Grupo de frontera, pero del otro lado, The Mars Volta es la "sociedad" compuesta por Omar Rodriguez López y Cedric Bixler-Zavala, cuyos temas luego interpreta The Mars Volta Group. Ambos son amigos de la niñez criados en El Paso, Texas. Omar nació en Puerto Rico y Cedric es un chicano hijo de matrimonio mixto americano-mexicano. Esa particularidad cultural aparece en su música a veces, en la elección alternativa de un castellano extraño para algunas canciones, pero fundamentalmente son un grupo progresivo experimental, calificación que se da habitualmente cuando la música es elaborada e inclasificable.
Me gusta particularmente esta canción, hipnótica, triste, caribeña y vampírica. Como extra incluyo una transcripción para piano donde se pone en evidencia la riquísima melodía que contiene.




La Forza del Destino

El Teatro Colón es otra de las metáforas arquitectónicas de Argentina. Ambos, teatro y país, oscilan entre la gloria prometida y la farsa reiterada. Esta historia peculiar lo ejemplifica.

Como el primer Teatro Colón, construido en 1857, fue reemplazado en su emplazamiento por el actual Banco Nación, el actual, inaugurado en 1908, tal vez se convierta en otra cosa si la obra de restauración iniciada en 2006 sigue extendiéndose. La reinauguración prometida para el 25 de mayo de 2008 no se cumplió, y la función de gala se realizó en el Luna Park. Las leyendas o realidades en sordina que rodean a esta restauración son muchas: se acabó el dinero, arruinaron la acústica, la obra se suspendió, etc.

Mientras tanto, los trabajadores y cuerpo artístico de la institución empezaron a seguir derroteros extravagantes, como el de mi amigo, al que llamaré D.

Mi amigo D. comenzó a trabajar en el Teatro en el área de comunicación en el año 2006. Regisseur egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y con amplia experiencia en la producción mediática de productos culturales, parecía la persona adecuada para encargarse del programa que saldría en el Canal 7, llamado con el ingenioso título de “Al Colón”. Como los contratos tenían fecha de vencimiento, le ofrecieron el pase a un limbo llamado “Planta Transitoria”, para estirar su relación laboral con el Teatro. Cumplió con su trabajo específico y especializado durante un tiempo, hasta que le asignaron un papel farsesco.

A principios de 2009 Horacio Sanguinetti renunció al cargo de Director del Teatro Colón supuestamente por no haber querido desprenderse de la cantidad de trabajadores que le exigía el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No se recuerda la suya como una gestión gloriosa, pero le reconocen al menos la prudencia de no haber provocado un despido masivo. Así comenzó una política de reubicación por la cual le comunicaron a D. que ya no formaba parte de la planta de trabajadores del Teatro, sino del Ministerio de Salud. La Secretaría de Cultura estaba haciendo uso de una facultad alquímica por la cual podía mover a sus trabajadores a destinos diferentes a aquellos por los cuales habían sido contratados. Claro, las partes debían estar de acuerdo, pero ese detalle se pasó por alto. La consigna era que nadie se quedara sin trabajo, que la reubicación, en lugar de ser un escándalo, era un beneficio.

Citado por el Ministerio de Salud, D. se encontró en sus oficinas a algunos de sus ex compañeros, como en la sala de espera del Purgatorio. Allí, entre muchos destinos, eligió el Hospital Durand por quedarle cerca de su casa, aún confundido por la ensoñación absurda de la situación. Mientras tanto, los que hacían el programa “Al Colón” seguían requiriendo sus servicios, disputándoselo a las salas hospitalarias. D. escribió al nuevo director del Colón, García Caffi, solicitándole el regreso a la TV, pero jamás tuvo respuesta.

“Lamento que usté sea artista, mijo, pero aquí va a mantener su fuente de trabajo”, fue el recibimiento de la encargada de Recursos Humanos del Ministerio de Salud. Como en aquel sketch de Francella, donde el empleado soportaba el acoso de una jefa ninfómana, el disfraz y el ridículo, para no perder su empleo. El primer destino artístico de D. fue la sala de recepción de Análisis Clínicos, donde debía recibir muestras de orina y materia fecal y ordenar las historias clínicas. Por suerte, el Dr. X. resultó ser un operómano incomprendido, y atrajo a D. para su satisfacción personal. Por otra parte, las cualidades histriónicas de mi amigo le granjearon fama entre las enfermeras, que se apasionan con los argumentos de ópera.

Él anda por ahí todavía. Si le toca a usted llevar su análisis, piense que el que los está recibiendo fue entrenado en Historia del Arte, Regie de Opera, teoría actoral y producción televisiva. Seguimos teniendo los taxistas más cultos del planeta, pero ahora también los hospitales se están llenando de talento impar.

Mientras tanto, el Teatro Colón, sigue cumpliendo con su destino de caja de sorpresas, evocando glorias pasadas y prometiendo futuro. Como el país.

Orientación vocacional

Me cuesta creer que me paguen por pasarme tanto tiempo evitando hacer aquello que mejor hago y más me gusta.

martes, 2 de marzo de 2010

Para hablar con nadie marque 1

Teléfono por la ventana, de Sordojr (Flickr)

Odio esos contestadores telefónicos como jardines de senderos que se bifurcan y terminan en un tono de ocupado. Aeroméxico me propone una y otra vez una pequeña aventura con final abierto, en varios pasos amables e inútiles.
Algunas historias de relación son así. Múltiples opciones que conducen a terrenos conocidos, de esperanzas vanas.

El mundo se parece demasiado

Tendría que haber estado en un viaje de trabajo en Las Vegas, en un hotel que tiene una torre Eiffel en la puerta, pero estaba en Cancún, que es más o menos como Las Vegas pero con playas. Claro, las playas más bellas que se puedan imaginar, pero a metros del agua los hoteles se parecen a otros de otros lugares sin playas. Excepto que aquel donde me quedo tiene una onda zen que combina elementos hindúes y japoneses y un restaurante que tiene un menú exquisito y seguro de combinaciones mediterráneas y del sudeste asiático. También leo que ofrecen carne "a la parilla (SIC)" con "auténtico chimichurri argentino".
Camino por un shopping donde encuentro locales de Kosiuko y Rapsodia a la búsqueda de alguna particularidad, un recuerdo que evoque las legendarias tierras mayas, una artesanía refinada y colorida como es la mejor artesanía mexicana. Los locales de "cosas típicas" lucen como inmensos almacenes llenos de baratijas que los norteamericanos ignoran olímpicamente, a menos que se trate de tequila a buen precio y ridículos sombreros de mimbre de ala muy ancha que usarán en el aeropuerto y luego formarán parte de una discutible decoración junto a Torres Eiffel de miniatura y alguna escultura africana.

Hoy el mundo se parece demasiado. Ya escribió Umberto Eco sobre "the real thing" en un artículo inolvidable, en el que destaca que USA trata de reproducir entornos conocidos para sus ciudadanos en cualquier lado o, de lo contrario, traer lo esencial del paisaje cultural de otra latitud a su propia tierra. De esa manera el mundo luce a Estados Unidos si uno sabe por donde ir.
Pero ya no parece privativo de conservadores y prósperos habitantes de Arkansas o Wisconsin. De forma más o menos consciente buscamos un derrotero de imágenes conocidas y seguras. Revisamos la vidriera de Rapsodia para ver si en Cancún, DF o Palermo Viejo encontramos lo mismo, tal vez en oferta. Comprobamos con placer que los linguini de la Riviera Maya tienen el mismo sabor que en Roma.
Ya no hay particularidades ni sorpresas a menos que uno las busque con lupa. Todas son franquicias, sucursales y cadenas. Nos llenamos de recuerdos parecidos y concluimos que el mundo es un pañuelo.
Me adormece esta idea. Y me aterra.