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miércoles, 18 de enero de 2012

Anticredo


Sin título, óleo sobre lienzo, de Michael Peck (emptykingdom.com)

Me hubiera gustado creer.

Hice mis mejores esfuerzos, pero es inútil.

Creer que la felicidad es un logro gimnástico

y no la ardiente presencia de lo amado.

Por ejemplo.

Creer que un buen Dios nos cuida y tiene planes

secretos pero bienintencionados,

y que, como un padre severo, calla pero procura.

Pero no lo logro.

No soy un hombre de fe, aunque buena fe me ha sobrado.

Y tampoco me ha servido.

Me hubiera gustado creer

que el amor vence

que la bondad prevalece

que el progreso del espíritu es inevitable.

Creer que una luminosa trama de justicia

flota sobre la niebla de la batalla.

Creer que hay tiempo para todo,

inclusive para empezar a creer.

Me hubiera gustado creer, soy sincero.

Pero preferí soñar.


viernes, 8 de julio de 2011

El perfume de la mañana


Fragrance, Diver & Aguilar (photographyserved.com)

Cada mañana, muy temprano, entro a un ascensor donde persisten perfumes abandonados por sus dueños, fantasmas gentiles, auras perdidas.

Cuando viajo acompañado, percibo como la fragancia forma parte de la estrategia de construcción de una presencia. Así como hay personas que parecen haberse vestido de prisa y sin concierto, con perfumes no totalmente aferrados, otros lucen nuevos, impecables, recién estrenados como la mañana. En estos últimos, hay acento francés en su olor y una cierta jactancia que proviene de una absurda idea de la inmortalidad.

Mis compañeros de ascensor de la mañana se dividen entre los que apenas se resignan por haber abandonado su hogar y aquellos que tienen el hogar en sus proyectos. Sus olores dialogan y rara vez llegan a acuerdos. Supongo que si los personajes hablaran, tendrían un rosario de disensos que disimularían con un ritual bien aprendido, entre cordial e inexpresivo. Pero no hablan, se saben pertenecientes a cajas diferentes, a negocios diferentes, a vidas diferentes. Lo único que admiten compartir es un ascensor donde no se cruzan las miradas. Pero donde, sin embargo, los perfumes buscan escapar de su misión única y su vida fugaz. Como todos nosotros.


jueves, 30 de diciembre de 2010

2011: Propósitos


Tempora (Cap.IV), de Mircea Mocanu (www.photographyserved.com)

Amaré a quien lo merece con la dedicación que merece:

(prefiero una versión del amor que sea más arte que locura)

Reuniré mis fantasmas para poder reunir lo amado disperso.

Entrenaré la magia de poner al tiempo y el espacio a mi favor.

Hablaré aun menos, y diré mucho más.

Escribiré como si de mí dependiera el recuerdo de una época.

Trabajaré como si de mí no dependiera la prosperidad de una época.

Estaré atento:

los milagros se esconden detrás de nuestras sombras.

viernes, 6 de agosto de 2010

Momentos y lugares


Something real 02, de Romain Laurent

Hay momentos en los que no pasa nada.

Otros en los que se siente que todo está por pasar.

Y los más raros, donde algo está pasando.

Hay lugares que nos rechazan.

Otros que pasamos de largo

Y los más queridos, donde podemos ser.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Un don ausente


Fútbol argentino, de Nicolás Zonvi (Flickr)

Me hubiera gustado ser habilidoso para el fútbol. En mi infancia marcaba la diferencia entre protagonistas y observadores. O, mejor: la línea divisoria entre los que se divertían y los que sobraban.

Es que a mí me divertía, y mucho, pero mi cuerpo no respondía con fluidez a la maravillosa danza del deporte. Se puede mejorar, ciertamente, pero esa armonía de movimientos, esa comprensión muscular del fútbol, debe ser innata o se adquiere apenas se aprende a caminar. Es un misterio para mí.

Se dice que los chicos son crueles, ni más ni menos crueles que los mayores en los que luego se convierten. Son más sinceros en la expresión de su crueldad, que tiene que ver con el aprendizaje del poder y la percepción de las diferencias.

Las ceremonias que rodean la organización de un partido de potrero en la infancia son de una despojada crueldad. De una crueldad huesuda. Ahí se elige y se descarta sin mayor compromiso que el aporte del más apto, en beneficio del equipo. Quedarse último en el reparto de jugadores es una de las más cabales humillaciones que comienzan a modelar nuestra visión del mundo. Ahí, más que en ningún otro lugar, nos damos cuenta de que los halagos incondicionales de los padres son insostenibles ante los pares. Ahí descubrimos que bajo determinadas condiciones podemos ser menos, no aptos, descartables, innecesarios, molestos.

Un día descubrí que me gustaba jugar de once, aun siendo derecho. Hoy en día no sé cómo se llama al puntero izquierdo, si es que existe este puesto (esa función natural) en la nueva ingeniería del fútbol. Casi siempre en off side -que no se tomaba demasiado en serio a menos que fuese escandaloso- yo podía recibir pelotas fruto del esfuerzo y la habilidad ajena para llevarlas hasta el arco. Nunca me convertí en goleador, pero tuve mis días de gozo. Meter un gol y abrazarse con los compañeros es una de las formas de la felicidad.

Pero el fútbol no fue, no es y no será ya lo mío. Cuando intenté jugar al básquet descubrí que mi cuerpo era aun más ajeno a esa dinámica, pero el rugby y más tarde el paddle, me persuadieron que yo no era espástico. Simplemente no tenía el don de la danza futbolística.

Nunca sería un héroe.



miércoles, 28 de julio de 2010

Reportes alternativos del clima



Hay un sol sucio que carga sobre sus espaldas una mañana confusa, manchadas sus rodillas de nubes, distraído su ánimo, ausente su luz.

En el cielo de papel secante se extiende una mancha de tinta. Sobre el horizonte, un telón de lluvia negra se acerca al sur como ominosa condena.

El cielo se cierra y se intimida; el universo es más pequeño hoy, como una habitación en la que conviene quedarse bajo las cobijas.

Es uno de esos días en los cuales es imposible preservar una tristeza. Resplandece.

La calle es la garganta de un demonio que traga a los hombres condenados a la rutina.

El blanco, luto oriental, tiñe el paisaje que congela las palabras de los paseantes.

miércoles, 7 de julio de 2010

Spleen


Depurar, de Plateada (Flickr)

Hay días en que la vida es un papel en blanco

que permanecerá blanco;

días en que la bruma es el único paisaje

y los sueños se duermen, luego de rendirse.


viernes, 5 de febrero de 2010

El corazón de los otros

Paula in cracked pavement, de MarblePlatty (flickr)

Llegué de incógnito y me iré de noche:
seré otra estrella sin nombre.
La memoria hará de mí alguien diverso,
el héroe trágico de un cuento
(alguien que se perdió detrás de un sueño)
o me caeré de un bolsillo,
como un boleto viejo.
Yo escribiré mi rastro en papeles sueltos.
En la sangre se irán mis rasgos diluidos.
Habré aprendido unos pocos secretos,
pero en el corazón de los otros
jamás sabré quién he sido.

lunes, 25 de enero de 2010

Yo he visto irse a mi esperanza


Yo he visto irse a mi esperanza
tras un tranvía de camotes
rodando por la legañosa pendiente
del callejón de los muertos olvidados
y las gimnastas suicidas.
No me dicen nada
los edificios de cuencas oscuras,
los vendedores de venenos,
los asesinos de la madrugada
ni las iglesias de neón.
El desconsuelo se consigue de a peso
en mi esquina, en cualquier esquina,
junto a la voz falsa del profeta de la infancia,
la buena muerte
y el verdadero amor.