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viernes, 24 de junio de 2011

Se cayó el cielo...



En “V, Invasión Extraterrestre” (versión 2) flotaba sobre la ciudad una nave gigantesca con la forma tradicional de un platívolo. En “Falling Skies” la nave gigantesca tiene patas. En “Walking Dead” la ciudad de Atlanta está tomada por zombies. En “Falling Skies” la ciudad de Boston está saturada de extraterrestres con seis patas (Skitters) y sus máquinas de guerra bípedas (Mechs). En todos los casos, los recursos militares han sido abrumados y es la gente común –padres de familia, básicamente- la que lidera una resistencia muy inferior en fuerza pero llena de valores tradicionales americanos.
“Falling Skies” está bien hecha, aunque no tiene ninguna novedad conceptual. Forma parte del género “autopunitivo norteamericano”, la fantasía apenas consciente de experimentar en casa lo que muchos de los pueblos ocupados por ellos sufren. La peor pesadilla de un sentido territorial algo fóbico, el de la tierra que nunca fue mancillada por extranjeros, salvo el episodio de las Torres Gemelas y uno más antiguo: la incursión fronteriza de Pancho Villa. Pero claro, ahora en manos de agentes extravagantes, como zombies, fenómenos naturales descontrolados o extraterrestres.
La fantasía negativa que supone este género encuentra su compensación en el combate, por el que se retorna a los valores fundamentales de esa sociedad. El arquetipo de la familia que busca recuperar su vida, anterior al colapso, con un arma de fuego en las manos, eliminando a diestra y siniestra seres no humanos –aquí la muerte es gratis para la conciencia-.
Spielberg, el productor de la serie, tiene tendencia a estas historias de combate moralmente justificado contra agentes irreales, pero simbólicos. No puede esperarse que sea deslucida estando él metido. Pero tampoco tiene la inspiración de Walking Dead, el clima de la película británica Exterminio, de Danny Boyle, o la peculiaridad de District 9.

martes, 11 de enero de 2011

Curtis Stigers & The Forest Rangers, Fondo de títulos de "Sons of Anarchy"


Amo esta serie.
Quisiera ponerme el chaleco, subirme a una Harley y andar un poco por ahí. Posiblemente no haciendo las mismas cosas que hace este club de chicos malos. Muy malos.
El tema de Curtis Stigers está hecho a medida de la atmósfera de la ficción. Posiblemente no hubiese llegado a él si no fuera por la serie, pero tampoco hubiera llegado a Michael Nyman o Wim Mertens si no fuese por Greenaway. Los encuentros son siempre casuales.
En él se expresa algo de la antifilosofía de la vida "biker": dirigirse a ninguna parte, a matar o morir, haciendo negocios non sanctos y dejándose amar. Más o menos como hacen nuestros políticos.

Esquizomancia



"I´m still here: El año perdido de Joaquín Phoenix" es algo más que un documental apócrifo.
La anécdota es sencilla: el famoso actor anuncia un día su retiro de la actuación para dedicarse a una desconocida (y fallida) faceta de cantante de rap.
Para eso tuvo que construir en su vida real -y la vida real de una estrella de Hollywood cuenta con la colaboración creativa de los medios- un personaje absolutamente verosímil que apoyara la "ficción documental": un Joaquin Phoenix pasado de revoluciones, abandonado físicamente, algo perdido. Así apareció en un memorable reportaje de David Letterman, que YouTube convirtió en curiosidad masiva.
Cuando digo "algo más que un documental apócrifo" me refiero al coraje filosófico (además del actoral) de un hombre que se proyecta en un yo posible, despedazando su imagen actual y reconociendo luego el fracaso del proyecto. La ficcionalización de una realidad exigida hasta sus últimas consecuencias, que rasga los límites, revelándolos brumosos.

Yo, como cualquiera, podría haber sido muchas otras personas posibles. Inclusive sigo pensando, como tú, que tomando algunas decisiones adecuadas, podríamos convertirnos en una de las posibilidades que soñamos. Pero fuimos los que fuimos, y el abanico de "yo" posibles se va estrechando con los años. Sin embargo, los caminos ahí están.
Yo podría haber sido piloto de combate, motociclista errante, ingeniero, artista plástico, concertista de piano o escritor de tiempo completo. Es posible que estas posibilidades y otras que no alcanzo a imaginar, se escondan en mí, algunas asumiendo ya que han sido postergadas para siempre. Haber sido feliz, kurdo, patriarca de una familia numerosa, mujer fatal, enamorado frustrado o enfermo imaginario forman parte de otro tipo de posibilidades, que vienen impuestas por los movimientos de ajedrez de la vida, jugadora nada convencional, más o menos paciente y siempre triunfadora.
Imaginemos que realizo una experiencia -porque a nadie le interesaría financiar ni ver un documental en el que yo participara- en la cual, por un año, convenzo a todo el mundo que me dedicaré finalmente a mi pasión guardada de motociclista errante. Para que la ilusión sea perfecta, vivo esa nueva vida a tiempo completo. La falsificación perfecta montada sobre cada detalle de mi vida.
¿Cuál es la realidad? ¿Al suplantar la realidad por una gran ficción totalizadora y posible, no estoy viviendo una nueva realidad más que una ficción? ¿Los derroteros de esa gran simulación, serían los mismos si hubiera llegado a esa nueva vida por voluntad y destino y no por artificio? ¿Acaso nuestra vida no está ordenada por una construcción ficcional en la que creemos sin demasiada reflexión?

Soy este, el que ni yo mismo conozco del todo, en el que a menudo no creo, y podría ser otros si tuviera el coraje o la locura de emprender nuevos simulacros. O de tener fe. Al final de cada simulacro agotaría una vida posible hasta llegar a conocerme más plenamente o disgregarme del todo. Creo que esta es la ilusión por la cual la conciencia creó la idea de la reencarnación: para ser todos los que podríamos ser.

Aquellos que no fui me persiguen en los sueños. But... I´m still here.

lunes, 19 de abril de 2010

Sangre, arena y pasión



Hace rato que debería haber perdido el asombro, pero me resisto. Y vuelvo a asombrarme con un producto audiovisual, a pesar de que su intención comercial es clara y su resultado congruente.
"Spartacus, blood and sand" (nada que ver con "Sangre y Arena", la de toros) es una realización del complejo multimedia Starz, de EE.UU. La historia del esclavo tracio que se convirtió en gladiador y luego en líder de la mayor guerra libertaria contra la República Romana, es retomada con una estética que rinde homenaje con total libertad a "300" y algo de "Gladiador". Si uno no se pone purista en cuanto a lo de la originalidad, descubrirá una fotografía y edición pocas veces vistas en TV.
Otro componente sobre el que vale la pena llamar la atención, este sí revolucionario, es el desenfreno de sangre y erotismo que tiene la serie, razón por la cual dudo que la estrenen en México y no sé cuándo y por dónde llegará a Argentina. "300" es un video clip de la Acción Católica al lado de "Spartacus", que no ahorra nada y todo lo muestra, poniendo nuestra sensibilidad a la altura de aquellos nada virtuosos romanos que mezclaban sexo y sangre como actos normales de una vida que no valía demasiado.
El gladiador tracio, interpretado por el actor australiano Andy Whitfield (¿el próximo James Bond?), inspirará más de una fogosa fantasía en las teleespectadoras. Su interpretación es efectiva: tiene carisma, y se luce en una tarea que demanda hasta el extremo sus capacidades físicas aun más que las histriónicas.
Es notable como una acción montada sobre una estructura de imagen casi teatral, tiene absoluta verosimilitud, y una estructura dramática adictiva.
¿Muy fuerte? Puede ser, pero sospecho que así era. Nos separa de esa época un cristal y botones. Espero que nuestra evolución no nos lleve a la pura virtualidad.