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martes, 18 de enero de 2011

El tiempo es lo de menos


Urwerk UR-110

A mi broder Luciano le gustan los relojes. Es de los que coleccionan y, si estuviera a su alcance, gastaría fortunas en ellos. Es capaz de entender la sutileza de una máquina, comparar los diseños y hasta apreciar el encanto de un reloj antiguo.
En mi universo los relojes no me resultan tan indiferentes (hasta indeseables) como los teléfonos celulares, pero tampoco me tientan demasiado. Claro que tengo mis preferencias, pero no invertiría el altísimo precio de llevar en la muñeca una pieza de arte mecánica.
Pero sí me gustan las máquinas de vanguardia, desde las cafeteras hasta las motocicletas.
El reloj suizo Urwerk UR-110 tiene el encanto de resolver las horas con un carrousel central que porta 3 juegos de cubos giratorios, como planetas, que se aproximan al indicador de los minutos. El conjunto puede parecer tan bello como horroroso, de acuerdo a las preferencias particulares, pero en ningún caso su funcionamiento pasará desapercibido.
Hay un video en el sitio del fabricante que explica mejor esta idea.
http://www.urwerk.com/watches_110_movie.asp

jueves, 2 de diciembre de 2010

Para darse lustre



Confieso que no soy de esas personas obsesivas con los zapatos. No es mi prenda preferida (sí las camperas o chamarras) ni tampoco de los que andan con agujeros en la suela.
Pero cuando vi esta caja de lustrado de Turms (empresa italiana con sede en Montegranaro), inmediatamente quise tenerla. Debe ser porque me gustan más las cajas que los zapatos. Sale 450 dólares, y no tengo la menor idea de dónde se puede conseguir.

En México "lustrar" los zapatos se dice "bolear", y a la "pomada": "grasa"; acotación lingüística al margen, para el pequeño diccionario argentino-mexicano.

martes, 31 de agosto de 2010

¿Quién dijo que los paraguas son feos?



Este paraguas de Alexander McQueen, con una calavera de plata en el pomo, definitivamente me seduce. Vivo en una ciudad en la que llueve a diario durante un tercio del año. Pero uno no justifica a un objeto de deseo por su utilidad, sino por lo que aporta a nuestra fantasía.
Por 500 dólares -una ganga- uno puede lucir como un legítimo vampiro posmoderno en cualquier oportunidad, siempre y cuando por lo menos esté nublado.